Querido 2009:
Fue un año redondo. De aprender a aprender, de crecer.
Nunca te olvidaré,
Arturo
diciembre 31, 2009
septiembre 16, 2009
septiembre 13, 2009
Y la palabra del año es...
...PACIENCIA
Y si la lección del año pasado fue el "superar", la de este parece ser el "soportar".
Cuesta. Nunca fue muy paciente hasta hace poco, pues en las cotidianeidades conseguía las cosas que quería con ligera facilidad, pero ahora, que debo aguantar, dar tiempos, ponerme espacios a mí mismo, esperar resultados... no me queda más que soportar los intertantos para lograr mi nirvana personal. Y mientras aguardo por la ansiada iluminación, tengo que dejar de quejarme a viva voz de lo pedregoso que es el camino. Llorando no se pavimenta.
Y si la lección del año pasado fue el "superar", la de este parece ser el "soportar".
Cuesta. Nunca fue muy paciente hasta hace poco, pues en las cotidianeidades conseguía las cosas que quería con ligera facilidad, pero ahora, que debo aguantar, dar tiempos, ponerme espacios a mí mismo, esperar resultados... no me queda más que soportar los intertantos para lograr mi nirvana personal. Y mientras aguardo por la ansiada iluminación, tengo que dejar de quejarme a viva voz de lo pedregoso que es el camino. Llorando no se pavimenta.
julio 20, 2009
Hacia el "auto-altruismo"
No recuerdo en qué momento mi vida no giró en torno a quienes amo. Mi familia, mis amigos, mi relación de pareja. Yo me reservo para el resto, y hago todo por ellos y para ellos. Las sobras de mis ganas se van en hacerme ideales para mí mismo, construcciones sobre nubes que evidentemente no se van a materializar.
Últimamente es que he tomado conciencia de esto, y no ha sido precisamente una realidad que se pueda abordar con simpleza. Todos son prioridad y yo no lo soy de ninguno. De nadie. Una corriente extrema de pensamiento me hace divagar en cómo afectaría en ellos una ausencia mía, y creo responderme que, más allá de las palabras, se acostumbrarían a mi falta. Otra corriente, más moderada, me lleva a creer que ha sido mi culpa el que las cosas hayan llegado a esto, pues yo he sido quien ha aceptado este modus vivendi sin mayores reparos, y que por lo mismo, ellos me han visto siempre como una pieza segura, que nunca perderán porque siempre estará ahí. Y es cierto: siempre he estado ahí. Lo triste de la evidencia es que para mí esto no ha sido retribuido del mismo modo, con la misma intensidad. En términos sencillos, ellos no están cuando lo necesito. En parte por su inacción, y en parte por la mía, al no manifestar con claridad lo urgentes que me son.
La buena noticia es que me he dado cuenta a tiempo, y que mi actitud tanto ante ellos como ante mí mismo, debe ser reparada. La otra buena noticia es que tengo harta convicción en que seré capaz de reformar lo que hay que reformar y avanzar en mi aspiración: vivir tranquilo, conmigo y con los que amo.
Últimamente es que he tomado conciencia de esto, y no ha sido precisamente una realidad que se pueda abordar con simpleza. Todos son prioridad y yo no lo soy de ninguno. De nadie. Una corriente extrema de pensamiento me hace divagar en cómo afectaría en ellos una ausencia mía, y creo responderme que, más allá de las palabras, se acostumbrarían a mi falta. Otra corriente, más moderada, me lleva a creer que ha sido mi culpa el que las cosas hayan llegado a esto, pues yo he sido quien ha aceptado este modus vivendi sin mayores reparos, y que por lo mismo, ellos me han visto siempre como una pieza segura, que nunca perderán porque siempre estará ahí. Y es cierto: siempre he estado ahí. Lo triste de la evidencia es que para mí esto no ha sido retribuido del mismo modo, con la misma intensidad. En términos sencillos, ellos no están cuando lo necesito. En parte por su inacción, y en parte por la mía, al no manifestar con claridad lo urgentes que me son.
La buena noticia es que me he dado cuenta a tiempo, y que mi actitud tanto ante ellos como ante mí mismo, debe ser reparada. La otra buena noticia es que tengo harta convicción en que seré capaz de reformar lo que hay que reformar y avanzar en mi aspiración: vivir tranquilo, conmigo y con los que amo.
julio 07, 2009
El desencanto
Él pensaba que tenía que ser mejor que el pololo anterior: demostrar fortaleza, amor desbordante y tratarla como la princesa que ella siempre pensó ser. Ella, por su parte, no se dio cuenta (hasta ayer) que su ahora marido se había guardado su real forma de ser con tal de complacerla y parecer ser quien ella esperaba que fuese, y que el encanto se estaba perdiendo ante el poder de la veracidad. Tampoco se dio cuenta (hasta ayer) que sus berrinches hirientes proferidos en alguna de las últimamente constantes discusiones se grababan a fuego en el pecho de él, y que irremediablemente el reloj no puede marchar hacia atrás en ningún caso.
Tarde se dio cuenta, y en un reconocimiento de culpabilidad, le propuso que debía reencontrarse consigo misma para poder retomar la visión conjunta de la vida que alguna vez tuvieron. con entusiasmo y fe le dijo que esta era una prueba que ambos podrían sortear exitosamente. Pero su demora había sido letal, y él se encontraba desmotivado como para seguir. Y le propuso separarse por un tiempo con la esperanza de la reconstrucción individual.
Yo miro la historia con cercanía, porque estos dos personajes son mis entrañables amigos, y atestigué ante las leyes que el amor que se tenían era lo suficientemente inmenso para emprender el nuevo paso que significa el matrimonio. Y más aún, habían sido (hasta ayer) casi como un modelo de relación, un modelo de pareja cuyo amor profuso era más poderoso que cualquier cosa, dos espíritus que el destino había hecho tropezar en el momento justo para acompañarse para siempre.
Un ideal, claramente. Como cuento de Disney.
Y malas jugadas de ambos (porque sí, el amor tiene bastante de juego) los llevaron al punto en el cual hoy se encuentran. Mi amiga se durmió en la apariencia de que todo andaba bien, y le restó importancia al cultivo de su matrimonio. Y él, aguantó. Tanto, que explotó, perdió su centro y se desesperanzó. ¿Cuál es la salida, si ambos juran que se siguen amando? ¿Los tiempos, las distancias, servirán efectivamente? ¿O son excusas para alargar el final?
Hace tiempo que una noticia no me llegaba tanto. Por el cariño inconmensurable que le tengo a estos personajes, me duele verlos en este punto crítico. Dos personas que se aman de verdad han cometido tal cantidad de errores que terminan con rasgaduras profundas en la vela que guía la embarcación en la cual se tiraron a navegar al mar...
La moraleja de este cuento es algo que afortunadamente he podido llevar a la práctica en mi caso particular con cierta devoción, que es el ser sincero con quien amas en todo momento: en lo que se dice, en lo que se piensa, en lo que se hace. Y lo más importante, en lo que se es.
Pero es difícil.
Yo miro la historia con cercanía, porque estos dos personajes son mis entrañables amigos, y atestigué ante las leyes que el amor que se tenían era lo suficientemente inmenso para emprender el nuevo paso que significa el matrimonio. Y más aún, habían sido (hasta ayer) casi como un modelo de relación, un modelo de pareja cuyo amor profuso era más poderoso que cualquier cosa, dos espíritus que el destino había hecho tropezar en el momento justo para acompañarse para siempre.
Un ideal, claramente. Como cuento de Disney.
Y malas jugadas de ambos (porque sí, el amor tiene bastante de juego) los llevaron al punto en el cual hoy se encuentran. Mi amiga se durmió en la apariencia de que todo andaba bien, y le restó importancia al cultivo de su matrimonio. Y él, aguantó. Tanto, que explotó, perdió su centro y se desesperanzó. ¿Cuál es la salida, si ambos juran que se siguen amando? ¿Los tiempos, las distancias, servirán efectivamente? ¿O son excusas para alargar el final?
Hace tiempo que una noticia no me llegaba tanto. Por el cariño inconmensurable que le tengo a estos personajes, me duele verlos en este punto crítico. Dos personas que se aman de verdad han cometido tal cantidad de errores que terminan con rasgaduras profundas en la vela que guía la embarcación en la cual se tiraron a navegar al mar...
La moraleja de este cuento es algo que afortunadamente he podido llevar a la práctica en mi caso particular con cierta devoción, que es el ser sincero con quien amas en todo momento: en lo que se dice, en lo que se piensa, en lo que se hace. Y lo más importante, en lo que se es.
Pero es difícil.
julio 06, 2009
Fugacidad de pensamientos
Me he dado cuenta en este tiempo que he aprendido bastante, a punta de sacrificios autoconvencidos y dejando lentamente de lado viejas malas costumbres. Pero aún quedan resabios de lo que históricamente he sido y de como históricamente he actuado, que pululan como alma en pena por mi cabeza y de vez en cuando se entretienen queriendo atormentarme.
(Quisiera apurar el proceso, sin morir en el intento)
(Y que se apuren también aquellos que deben)
(E irme a dormir pronto, para dejar de pensar huevadas)
(Quisiera apurar el proceso, sin morir en el intento)
(Y que se apuren también aquellos que deben)
(E irme a dormir pronto, para dejar de pensar huevadas)
mayo 15, 2009
Antropología del parecer
Esta semana alguien dijo en una reunión en el Ministerio una frase sencilla, obvia, casi una perogrullada, pero con harta verdad intrínseca:
"No sólo debemos ser, sino también parecer".
Mi mente difusa y analítica-de-discursos relampagueó al escuchar esta exhortación, que cualquier coordinador hábil hubiese dicho para empoderar a su equipo en pos de una gestión institucional con mayor compromiso funcionario. Claro que lo que me quedó dando vueltas no tenía tanta relación con el MOP, sino que más bien con esas comunes instancias personales en donde van a parar aplicadamente todas las frases, letras, señales y símbolos cotidianos a los cuales tiendo a dar más de una lectura.
Ser y parecer es un complemento más atractivo que el ser y estar. Estar estáticamente en un estado determinado (redundancia de la redundancia) no proporciona las posibilidades múltiples autocontroladas que la voluntad de proyectar una imagen dinámica brinda. Y es que una vez que se está claro con lo que se es, se toma la ruta de parecerle a los otros que así se es. O no necesariamente. Y esa es la gracia, porque los demás siempre podrán saber cómo, dónde y por qué uno está, mientras que con el parecer se abre espacio al cuestionamiento. ¿Es lo que parece? ¿Parece lo que es? Interesante.
El examen interno, irrenunciable en estas cuestiones, me dice que tengo conciencia plena de ser lo que soy, como soy, porque soy, fui y (sin desmedro de los cambios que deban emprenderse en el intertanto) seré así. Pero no tengo claridad en parecerlo, al menos no siempre. Primero, porque uno debe ser medianamente reservado ante la vida, sobre todo con aquellos sujetos que no se han ganado la llave dorada de la confianza. Segundo, porque dejar un poco de misterio genera en el resto un mínimo de incertidumbre, de modo de no volverse uno un tipo completamente predecible (sería muy fome si todo se predijiera, por eso dejé de hinchar con el tarot hace tiempo...). Tercero, y lo más preponderante en mi caso, nunca habrá certeza en que los demás formen la imagen precisa que uno pretende parecer, porque es lógico que toda comunicación tiene ruidos que alteran el contenido del mensaje.
Es bueno que así sea, porque en esa brecha de indefinición, uno puede jugar con habilidad con diversos pareceres, ante distintos sujetos, en situaciones diferentes. Aprendido esto, siempre que no se pierda la dirección íntima de lo que uno es, se puede aplicar la estrategia particular con mayor facilidad y seguir dando pasos firmes por el camino. Pero como es también cierto que en el camino solemos ir acompañados de aquellos incondicionales, hay que ser justos y proyectar efectivamente el ser en el parecer, de modo de fortalecer esta mancomunión que, lógicamente, avanza en un objetivo compartido. Como en el caso de una amistad férrea, de una relación de pareja... o de un coordinador ministerial.
"No sólo debemos ser, sino también parecer".
Mi mente difusa y analítica-de-discursos relampagueó al escuchar esta exhortación, que cualquier coordinador hábil hubiese dicho para empoderar a su equipo en pos de una gestión institucional con mayor compromiso funcionario. Claro que lo que me quedó dando vueltas no tenía tanta relación con el MOP, sino que más bien con esas comunes instancias personales en donde van a parar aplicadamente todas las frases, letras, señales y símbolos cotidianos a los cuales tiendo a dar más de una lectura.
Ser y parecer es un complemento más atractivo que el ser y estar. Estar estáticamente en un estado determinado (redundancia de la redundancia) no proporciona las posibilidades múltiples autocontroladas que la voluntad de proyectar una imagen dinámica brinda. Y es que una vez que se está claro con lo que se es, se toma la ruta de parecerle a los otros que así se es. O no necesariamente. Y esa es la gracia, porque los demás siempre podrán saber cómo, dónde y por qué uno está, mientras que con el parecer se abre espacio al cuestionamiento. ¿Es lo que parece? ¿Parece lo que es? Interesante.El examen interno, irrenunciable en estas cuestiones, me dice que tengo conciencia plena de ser lo que soy, como soy, porque soy, fui y (sin desmedro de los cambios que deban emprenderse en el intertanto) seré así. Pero no tengo claridad en parecerlo, al menos no siempre. Primero, porque uno debe ser medianamente reservado ante la vida, sobre todo con aquellos sujetos que no se han ganado la llave dorada de la confianza. Segundo, porque dejar un poco de misterio genera en el resto un mínimo de incertidumbre, de modo de no volverse uno un tipo completamente predecible (sería muy fome si todo se predijiera, por eso dejé de hinchar con el tarot hace tiempo...). Tercero, y lo más preponderante en mi caso, nunca habrá certeza en que los demás formen la imagen precisa que uno pretende parecer, porque es lógico que toda comunicación tiene ruidos que alteran el contenido del mensaje.
Es bueno que así sea, porque en esa brecha de indefinición, uno puede jugar con habilidad con diversos pareceres, ante distintos sujetos, en situaciones diferentes. Aprendido esto, siempre que no se pierda la dirección íntima de lo que uno es, se puede aplicar la estrategia particular con mayor facilidad y seguir dando pasos firmes por el camino. Pero como es también cierto que en el camino solemos ir acompañados de aquellos incondicionales, hay que ser justos y proyectar efectivamente el ser en el parecer, de modo de fortalecer esta mancomunión que, lógicamente, avanza en un objetivo compartido. Como en el caso de una amistad férrea, de una relación de pareja... o de un coordinador ministerial.
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